lunes, 11 de marzo de 2013

I ♥ Cats



Esta es la cosa más bonita del mundo.  Del mundo entero. No hay nada tan dulce, achuchable, gracioso y desvergonzado cómo este gato. ES Doraemon, y sabe hasta tocar la canción de la serie...

martes, 1 de enero de 2013

Erlkönig ‒ Schubert

Der Erlkönig (El Rey de los Elfos) ‒ Goethe


 ¿Quién cabalga tan tarde a través del viento y la noche?.
Es un padre con su hijo.
Tiene al pequeño en su brazo,
Lo lleva seguro en su tibio regazo.

 

"‒Hijo mío, ¿por qué escondes tu rostro asustado?."
"‒¿No ves, padre, al Rey de los Elfos?

¿El Rey de los Elfos con corona y manto?."
"‒Hijo mío, es el rastro de la neblina."




"‒¡Dulce niño, ven, ven conmigo!
. 
Más de un hermoso juego jugaré contigo;
Muchas encantadoras flores están en la orilla,
Mi madre tiene muchas prendas doradas."

 
"‒Padre mío, padre mío... ¿no oyes
lo que el Rey de los Elfos me promete?."
"
‒Calma, mantén la calma hijo mío;
el viento mueve las hojas secas. "





 "‒¿No vienes conmigo, buen niño?.
Mis hijas te atenderán bien;
Mis hijas hacen su danza nocturna,
Y ellas te arrullarán y bailarán para que duermas."

 

"‒Padre mío, padre mío, ¿no ves acaso ahí,
 a las hijas del Rey de los Elfos en ese lugar oscuro?."
"
‒Hijo mío, hijo mío, claro que lo veo:
son los árboles de sauce grises."


 

 


"‒Te quiero; estoy encantado por tu belleza. 
Y, si no estás dispuesto, voy a utilizar la fuerza."

"
‒¡Padre mío, padre mío, él se ha apoderado de mí!.
¡El Rey de los Elfos me ha herido!."

 




El padre tiembla y cabalga mas aprisa,
Lleva al niño que gime en sus brazos,
Llega a la alquería con dificultad y urgencia;
En sus brazos el niño estaba muerto.


 (Der Erlkönig ‒ Goethe)


Goethe se basó en un hecho real, que espoleó su imaginación, y dio lugar a esta leyenda oscura sobre una criatura oscura, en una noche oscura...
Una criatura que, susurrante al oído de su víctima (y solo su víctima puede escuchar la ominosa voz), trata de subyugarla y llevarla consigo a la perdición.
Pero el niño inocente sabe quién (o más bien "qué", que cosa abominable) le acecha en la oscuridad. El Rey de los Elfos. Con corona y manto.
Y sus hijas, más espectros hambrientos en la noche.
Así es que por mucho que el niño pida ayuda, por muy veloz que sea el caballo que pretende llevarle lejos del peligro, y por protectores que sean los brazos cálidos de su padre...
El Rey de los Elfos, fallada su primera seducción, se muestra tal y cómo es en realidad: un monstruo, un demonio. Se apodera fácilmente del chiquillo, que muere en los brazos de su desconsolado padre.

Franz Schubert compuso una bella pieza sobre la obra, fascinado por ella. 
¿No es hermosa?. No podía faltar en esta entrada...
Pero Schubert no fue el único músico que se inspiró con este tenebroso cuento de hadas.  
Robert Schumann, Johann Friedrich Reichardt, Carl Friedrich Zelter, Ludwig Spohr, Johann Carl Gottfried Löwe... también adaptaron la obra. Beethoven deseó, a su vez, musicalizar el poema, pero desistió.

sábado, 27 de octubre de 2012

"Becket, Ou l'honneur de Dieu"

  
HENRY: You look older, Thomas.
THOMAS: So do you, my prince. You cold?
HENRY: I'm frozen stiff. Chill blades are killing me. You love it, of course. You're in your element aren't you?. Just that monks' habit.
THOMAS: I always told you, my prince, that one must fight the cold with the cold's own weapons. Strip yourself naked every morning and...
HENRY and THOMAS (Together): splash yourself with cold water.
HENRY: I used to, when you were there to force me into it. I never wash now. I stink. I grew a beard at one time. Did you know?.

sábado, 29 de septiembre de 2012

San Miguel Arcángel



"San Miguel Arcángel, 
defiéndenos en la batalla. 
Sé nuestro amparo 
contra la perversidad y las acechanzas 
del demonio. 
Que Dios le reprima, es nuestra humilde súplica; 
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, 
con la fuerza que Dios te ha dado, arroja al infierno 
a Satanás y a los demás espíritus malignos
que vagan por el mundo 
para la perdición de las almas. Amén."

(Oración del Papa León XIII a San Miguel Arcángel)


Es cómo si fuera a alzar el vuelo, triunfante.
Armadura y escudo... Empuñando la Cruz, seguro, invencible en la fe (“¿Quién cómo Dios?”). El demonio encadenado, humillado cual ruina a los pies del Arcángel, ha perdido todo poder y capacidad de hacer daño.
El semblante de Miguel es noble y bello, a pesar de que su gesto guerrero (en el que el orgullo es el reflejo de su ardiente amor a Dios, y la ferocidad mezclada con serenidad beatífica es la Virtud que lucha contra el Maligno) hace estremecer a toda legión infernal.
Estoy segura de que la luz y las sombras, cómo espejismos, pueden sorprender y confundir a uno cuando mira esta estatua. Porque, probablemente, el pétreo Miguel parecería cobrar vida y poder volar, airoso y exultante al borde mismo de la nada.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Magnificat


"Glorifica mi alma al Señor,
y mi espíritu se goza en Dios mi Salvador,
porque ha mirado la pequeñez de su esclava.
Y he aquí que desde ahora me felicitarán todas las generaciones;
porque en mí obró grandezas el Poderoso.
Santo es su nombre, y su misericordia para con los que le temen
va de generación en generación.
Desplegó el poder de su brazo; dispersó a los qu se engrieron en los
pensamientos de su corazón.
Bajó del trono a los poderosos, y levantó a los pequeños;
llenó de bienes a los hambrientos, y a los ricos despidió vacíos.
Acogió a Israel su siervo, recordando la misericordia,
conforme lo dijera a nuestros padres en favor
de Abrahán y su posteridad para siempre."

(Magnificat de María)

lunes, 20 de agosto de 2012

The Were-Wolf by Clemence Housman

En tierras nevadas, nórdicas... de hielo y ventisca...

Los monstruos caminan entre los hombres, ocultos “bajo una belleza de flores”.

En mitad de la infinita blancura (que se extiende hasta más allá de dónde alcanza la vista), y bajo un cielo cuajado de heladas estrellas, pueden sucederse carreras vertiginosas hasta la medianoche. Carreras que, burlándose a carcajadas del frío doloroso que ya de por sí quema, encienden los pulmones cómo si éstos estuvieran en llamas, fuego líquido e insoportable extendiéndose por el pecho.

Y, entonces, sangre escarlata y aún humeante empapa la nieve inmaculada.

Rojo sobre blanco.

Bestias con pieles níveas... también níveas, cómo todo paisaje y escena allí... Pieles suaves, delicadas, pertenecientes a seres que no tienen alma, y cuyo instinto sediento de rojo sobre el blanco aplasta, agarra, pierde, devora, consume... Pieles que son cómo el invierno nórdico imperante, crudo e inmisericorde, y, a la vez, poseedor de una belleza inmutable y serena a su cruel manera.

Ojos llenos de las estrellas del cielo. Que seducen y te llevan consigo... te llevan consigo...

Y al amanecer has cerrado tú tus ojos, y estás muerto. Y tu piel es toda blancura... sobre blanco. Blanco, y el rojo corriendo por todas partes. Hasta que la bestia hace desaparecer también tu piel, cómo ha hecho desaparecer ya tu dulce vida en mitad de un beso dulce...

Se lleva todo lo que había en ti... y ya no quedan siquiera huesos blancos sobre el blanco.

Ha devorado tus entrañas.

Y luego se pierde en la nieve.

Una belleza cruel. Que se marcha sin decir adiós.

Así es el invierno.

No obstante... aún es poco para la Belleza que mata el rubí rojo que es la joya que ha obtenido.

¿Quizás desearía también la paz...? Eso le gusta decir.

¡Qué poética es la muerte!. La bestia no está en paz. Es el cuerpo blanco que ya no existe y que está en el interior del monstruo el que ha logrado envolverse en La Paz. Y no la bestia.

Pobre bestia...

Eso le gusta decir.

Y esas sombras que hacen llorar a los niños entran en las casas cálidas, cálidas a resguardo del horror de la vida y del frío, y se agazapan lejos de la luz del fuego liberador, que ahuyenta a los espíritus.

Una gran Valentía puede caer en la espiral de la bestia, si se aleja demasiado del círculo protector de la hoguera en la chimenea (que ahuyenta a los espíritus). Porque a menudo esa valentía y la ferocidad guerrera que la compaña y el alma victoriosa y feroz pueden admirar, sentirse afines, e incluso llegar a aprobar esas naturalezas bestiales que encarnan cualidades semejantes... junto con la inseparable perversidad sin remordimiento que es el alma del cazador.

Porque a despecho de toda resistencia maravillosa, elasticidad impresionante de movimientos y músculos, coraje y poderío, un cazador es un cazador.

Y la muerte es parte de él.

La Muerte es él.

Si la Conciencia no puede disuadir a la Valentía imprudente, irresponsable... intolerable, entonces esa conciencia debe correr en la noche para saltar sobre el cazador antes de que la cacería comience.

Uno solo en todo ese mundo nevado podía igualar a la Bestia en resistencia y velocidad de leyenda. Y se trata de esa Conciencia del desespero, ese que encarna el ardiente sentimiento que eclipsa cualquier otra cosa... porque es la fuerza que ama.

Un amor que no es egoísta. Que no puede quedar jamás, jamás subyugado por lo que admirable, fascinador parece a simple vista, y fantástico, y que en verdad sólo es seducción del mal... y belleza cruel.

Pero el amor a menudo es entregado a las fauces de la muerte por redimir, en esta ocasión la atracción salvaje que puede ejercer una bestia sobre un Valor equivocado.

Y el blanco vuelve a llenarse de rojo. Pero esta sangre no sólo es roja, sino que está impregnada de algo especial... Verdadero sacrificio. Amor, sólo amor.

Amor que impulsa un alma hacia las estrellas. Para que todo vuelva a empezar.

La próxima vez todo será distinto... pero lo que no cambiará, hasta que las mismas estrellas caigan y se desvanezcan para siempre, es ese inmutable amor.

No sólo el invierno cruel es inmutable. El amor es más firme que la crueldad. El amor no muda nunca, pero la crueldad sí se acobarda y mengua, se empequeñece, se esconde cómo las sombras a plena luz del mediodía.

La piel blanca, la bestia, yace sobre la nieve.

Es ella ahora la que es blanca y roja, sobre blanco manchado de rojo. Y a su lado, uno que es sacrificio de amor muestra más de lo mismo.

Qué curioso que en la muerte quedaran unidos... El Amor y la Bestia. Sus cuerpos yacieron uno junto a otro, cómo niños que duermen tras haber jugado hasta la extenuación.

Al final, el Valor puede odiar... porque ciega fiereza se entremezcla en él. Cómo la bestia y el invierno habían sido bravos y crueles.

Pero a pesar de ese odio, ya no hay más opciones: ha acabado el cuento, y al Valor sólo le resta asumir una deuda de amor tan grande.. que amenaza con devorarle entero, hasta que ya no quede nada de él cómo si la bestia continuara viva... Pero es algo bueno, sagrado y demasiado grande para expresarlo lo que le devora esta vez. Y el Valor volverá así a casa, lleno de la sangre roja de la Conciencia, cómo un insólito amuleto (ungüento protector) que ha quebrado un hechizo maligno.